Entre la familia y la lucha proinmigrante Paula Díaz
Como activista comunitaria, Salas tiene que dividir su tiempo entre el cuidado de su hija, de 5 años, y su hijastro, de 16, con los viajes a Washington D.C., Sacramento, las marchas, conferencias de prensa y eventos en apoyo a la comunidad inmigrante. "Tengo mucha ayuda por parte de mi mamá y mis hermanos, todos viven aquí en Los Ángeles. Unos viven cerca, otros no tanto, pero siempre me echan la mano porque ellos creen en lo que hago, en el movimiento pro-inmigrante", dijo Salas, quien es graduada en Sociología e Historia del Occidental College y ha trabajado con CHIRLA desde hace 15 años. Está casada con Mayron Payes, activista del Centro Para el Cambio Comunitario. "Es fundamental el apoyo de la pareja y los hijos para realizar este trabajo", reconoció Salas. Ella y su esposo se conocieron hace más de10 años, cuando ambos trabajaban para CHIRLA. Ese entusiasmo por la lucha social que comparten hace que puedan sacar adelante a la familia y cumplir con sus proyectos, afirmó Salas. "A los niños les hablamos y ellos entienden. Les decimos sobre la importancia de hacer contribuciones sociales porque, al fin del día, tenemos que asegurarnos que tenemos un mundo más justo para ellos. No podemos quedarnos mirando a ver que pasa, tenemos que ser parte de los movimientos del mundo en que vivimos". Para cumplir con los deberes domésticos y familiares y con su trabajo, Salas se da sus mañas. "Tengo que viajar mucho y lo que hago es que tomo los vuelos 'tecolote', así vuelo toda la noche, llegó en la mañana, hago mi reunión y en la tarde me regreso. Eso lo he hecho por años y años", comentó Salas. "Cuando ambos viajamos, le pedimos alguna hermana que nos cuide a los niños". Su madre siempre le ha dicho que no puede ser "candil de la calle y oscuridad de la casa", por eso ella se las arregla para estar en todo y no perderse nada en su hogar. Otra opción que tiene para no alejarse de su familia en los fines de semana, cuando tiene las actividades comunitarias, es llevarlos con ella. "Mi niña piensa que una marcha se llama 'Sí se puede', cuando sabe que estaremos en alguna dice puedo ir a un 'Sí se puede' y se enoja cuando me ve en la televisión y no le he llevado", relató Salas. El interés que tiene por lucha social le nació de pequeña, cuando vivió en carne propia la separación familiar. "Me trajeron de cinco años, crecí en una familia 'sin papeles' y fue difícil. Especialmente cuando recogieron a mi mamá en una redada de la fábrica de costura donde trabajaba, porque no tenía documentos", contó Salas, originaria de Durango, México. "La deportaron a México y tuvo que regresar en el baúl de un carro". Su familia está conformada por aproximadamente 300 miembros, la mitad con documentos y la mitad sin ellos. "Los que llegaron antes del 90 son todos residentes o ciudadanos", dijo, "y los que vinieron después no tienen 'papeles'". Por eso, recalcó la activista comunitaria, en su familia encuentra el apoyo que necesita para realizar su trabajo. Cómo hacerlo ♦ Las mujeres no tienen porque quedarse en casa, se puede luchar por lo que se quiere de diferentes maneras. Puede involucrarse en la iglesia, en grupos de padres en las escuelas. Hay muchas formas de trabajar para asegurar que haya un cambio benéfico para nuestra sociedad. ♦ Muchas mujeres luchan para que sus familias salgan adelante individualmente, pero sino ven más allá de su familia puede que la sociedad haga decisiones por ellas que las afecten y le impacten cuando ya no puedan hacer nada para remediarlo. To read this story at its original site, please click here: Hoy Los Angeles |
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Angélica Salas, directora ejecutiva de la Coalición para los Derechos Humanos de los Inmigrantes en Los Ángeles (CHIRLA), comparte su vida entre su familia y la lucha por la defensa de los derechos de los inmigrantes.





